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Charco Azul

Tímido oleaje, ¿Que proa vas a enfrentar?
Frena tu marcha, líquido perverso
Llévame! Llévame! El mar me acosa
Ojos enfermos hurgan en mi oscura pasión
Tómame, tómame! Arrebátame tierra!
Ayuda! Oh tortura! In dubio pro reo
El filo amenaza, el viento lo abraza
Escucha mi ruego! Llévame, llévame!
No escucho, no entiendo, no creo
Déjame ir, dejameee! lo ruego, lo imploro, déjame!
Y la sangre se abrazó al hierro
Besaron el metal sus rodillas
He vencido! con mi sangre, no la tuya, con la mía!
Flácida e inerte la muñeca se rindió
Con sangre se pagó el peaje desigual
Llévame en el aire, el mar ya se calló.
Nunca pagaste el viaje de regreso
Charco sombrío, inmenso, oscuro…

El Fulo

Kelly creo que tenía unos 26 o 27 años cuando lo conocí (este no es su verdadero nombre), era piurano, blanquito, rubio ondulado, ojos celestes, cualquier desubicado lo hubiera confundido con un gringo, pero además de su dejo que lo traicionaba era chato, petiso pero fornido, ni gringo ni nada era un patita piurano con ansias de aventura, lo conocí en un barco español, era primer “spibotero” sabía su oficio, y como loco que era corría cualquier riesgo sin medida.
No sé si sería familia de Alfredo también piurano quien había trabajado una década antes en Kepishe un barco de bandera canadiense que descargaba atún para Star Kist en Paita, yo era un mocoso y lo recuerdo con barba, pelo largo tostado por el sol, usaba botas de caucho, sentado en las barandas del malecón cerca del Toril, cerca de Jorgito Yen, aprovechaba la generosa sombra de un algarrobo para descansar, parecía mas bien un personaje de los “western spaghettis” de la época como un Terence Hill criollo, siempre me pregunté:
¿Que hará este colorao piurano en la pesca?, ¿Como fue que llegó, si estos piuranitos no pasan de la Av. Grau y comer helados en el Berlin o el Venecia?

Kelly ya había trabajado en los Isabeles, como se les conocía a los barcos de Garavilla, y de alguna forma tenía cierta experiencia como spibotero, si bien yo y había trabajado en ese mismo puesto en varias embarcaciones debía reconocer que no tenía ni la pericia ni el arrojo demencial de este piurano, porque yo asumía que algo de locura tenía que haber en esa actitud de desprecio por la seguridad, en las faenas, en la pesca de los porpos*.

En esos días ya algo lejanos, podríamos decir que a comienzo de los 80s, entonces los motores en boga para la pesca sobre delfines en este lado del Pacífico eran los Mercury, por otro lado los Mariner y Yamaha y ocasionalmente los Envirude, todos estos apenas empezaban a posicionarse en las preferencias de los capitanes de pesca, cuando los Mercury saltaban y la hélice salía del agua se neutralizaban, así que había que colocar la palanca de velocidad en posición de detenido y con un movimiento rápido acelerar para no perder velocidad y poder continuar en vertiginosa carrera arreando los “porpos“, mientras que el estándar para esos tiempos era 90 HP nosotros usábamos Penta Volvo semi fuera de borda 135 HP (solo la extremidad con la hélice sobresalían del cuerpo del “speedboat” de aluminio, el pesado motor estaba en una caja dentro de la misma embarcación) sentíamos que estos Volvo que eran fuertes, rápidos, poderosos y nunca se detenían, la simbiosis perfecta entre la máquina y el hombre en un cabalgata sobre las olas.
El “spibotero” ganaba un poco más, era un plus pues tenía que soportar el golpe de las olas, el “spray” del agua salada, el riesgo y el mantenimiento y puesta en óptimas condiciones de su herramienta, al terminar el arreo de “porpos“, subir al barco, recargar su tanque de gasolina y continuar con la estiba de la red y toda la maniobra posterior hasta embarcar la pesca en los tanques si había éxito en el lance.

Los hombres de mar, aquellos curtidos y los que no eran marinos pero su paso por el mar era producto de su profesión convivíamos en un solo espacio, personas con una profesión que apuntalaba las técnicas modernas de acarrear los túnidos a bordo, pilotos de helicóptero, mecánicos de aviación, su labor era volar y llevar al capitán por lo alto en su búsqueda por la mancha, por el cardumen, por el objeto flotante, por la pajarada, por cualquier indicio que deviniera en un lance, frase más cierta que esta no hay “red en el barco no pesca”, una vez que el “chopper” aterrizaba en el su plataforma, el mecánico se dedicaba a revisar la aeronave con minuciosidad, recargar combustible, el piloto tomaba el papel de espectador o se dirigía a descansar, su trabajo era de un gran responsabilidad y las estadísticas de fatalidades eran un recordatorio del cuido extremo que debía tener este gremio.

Cuando el barco llegaba a Balboa, el puerto en Panamá o a Taboga la isla mas cercana a costas panameñas para descargar, la tripulación en forma rotatoria tomaba algún tipo de descanso, los marineros comunes en su mayoría iban por la noche a gastarse el adelanto de pesca en los bares de Calle J o en los sórdidos ambientes del Hotel Ideal, un edificio que fungía de centro de esparcimiento para los marinos, el dueño un griego que era generoso dando crédito a los pescadores, por otro lado piloto y mecánico se dirigían al norte, a Chiriquí, dónde estaban los cuarteles u oficinas de la empresa de aviación, Alex Stemayer era un alemán naturalizado americano, experto piloto a su edad, toda su experiencia la había volcado en su empresa dedicada a los helicópteros en los atuneros, la pesca pagaba mejor que la fumigación de arrozales, tarea con la que se inició en el negocio en un principio en el norte panameño, luego se decantó por la pesca, sin duda el negocio se sentía próspero, Alex sonreía, algunos rumoreaban que el hijo había volado narco avionetas en Perú, pero eso era otro nivel y otra historia.

Kelly en algún momento recibió clases de pilotaje, en su constante búsqueda por destacar de los demás, creo que lo hacía porque lo apasionaba o quizás por el aderezo a su vida que solo la adrenalina otorgaba, también limpió cauces de riachuelos en la zona de Seattle, en esa ocasión era pescador de atún.

Transbordo

Cuando me embarqué en el Entremares Dos un inmenso atunero de 1200 TM, construido en Astilleros del Cadagua en el país vasco, me tocó de compañero de habitación, la cabinas de los tripulantes eran bipersonales y quedaban del lado de babor, los engrasadores o maquinistas por estribor, la nuestra era la primera en la proa, eran amplias con dos especies de roperos modernos, un mueble confortable, un lavabo , una escotilla u ojo de buey que inundaba de luz el camarote, Kelly dormía en la litera superior yo en la de abajo, suplida con aire acondicionado central, había que dormir con una buena cobija.

Entremares Dos 1980

Después de un frustrado y pobre viaje en el Pawn Pawn un pequeño atunero de 250 TM de origen canadiense y con registro de Panamá, en este la pesca nos había sido esquiva, después de un ir y venir a lo largo de aguas costarricenses, desde Cabo Blanco hasta Matapalo, Salsipuedes y Punta Burica en el límite con Panamá teníamos apenas escasas 30 toneladas abordo, yo ya hacía números pero las cuentas no cuadraban.

Estábamos al sur de Costa Rica cerca de la costa, después del medio día subo a la cofa, Seselja oteaba el horizonte en busca de la mancha que salvara el viaje, en el fondo sabía que la suerte estaba echada, lo observo con el rabillo del ojo, sus labios tendían a cuartearse por el sol y la intemperie, usaba una loción o mantequilla de cacao, su nariz afilada su piel rojiza, su cabello gris plateado, entreabría los labios y entrecerraba los ojos como en un tic, levantaba los binoculares y hurgaba en la distancia.
Yo usaba los binoculares Fujitsu grandes, barría el horizonte de babor a estribor una y otra vez pero la pesca estaba asolada, la mar casi chicha, no había pajaradas, ni “jumpers“, ocasionalmente debido al escaso viento la humareda de la chimenea nos ahogaba, Seselja pedía cambiar el rumbo unos cuantos grados para esquivar el humo, no se avistaba nada, solo la monotonía de un día mas.
– Nema cursa, nema nista!

¿Que se dice Kali? Javier dice que quiere venir a recogerte en el Entremares, ¿Que dices tu, lo esperamos o vamos a Puntarenas?, me miró como esperando una reacción yo sabía que estaba resentido, que le había pedido a su ahora colega que le diera información sobre áreas de pesca, y este cuidadoso de no transgredir los acuerdos de su grupo de código se había rehusado muy diplomáticamente con excusas, le resentía pues sentía que el le había dado embarque a Javier varios años atrás , sin embargo el ser expulsado de un código por pasar información suponía el ostracismo y perder las prerrogativas de tener valiosa información, al final pesó el silencio.

Jebem ti Boga, no tenía que hablar abierto! masculló , solo una señal, pero no abrió su boca , solo tenía que decirme algo como fuera de Macchu Pichu al cuadrante donde sale el sol, fuera de la Baila Bonito o del Caracol, sin duda su inventiva para diseñar códigos personalizados era sorprendente.
– Yo hubiera entendido! prosiguió, pero Jebem ti Boga, no quiso decirme nada!
-¿Que le pasó? y se mantuvo maldiciendo en croata , volvió a preguntarme:
– ¿Lo esperamos? yo sabía que el esperaba algún tipo de empatía hacia él y sus quejas, pero no quise pisar ese terreno, yo no me iba a comprar esa bronca y respondí de la mejor manera: bueno… y me quedé en silencio por un instante mientras trataba de decir las cosas de manera pausada.
– Creo que esa debe ser solo tu decisión y cuál fuere yo la voy a respetar -afirmé con cautela-, me miró una vez más pero sonrió de manera mordaz , se quedó callado por un instante y asintiendo dijo:

-Se vamos a esperar Kali, puta mare, nema problema se vamos a esperar Kali y suspiró, se llevó los binoculares a los ojos , hizo como que buscaba, pero era para que yo no notara su tristeza

Día siguiente la actividad radial en el Raytheon precedió la de los VHF de más corto alcance, los chasquidos y las voces resonaban en el puente y en la cofa.
– Gustavo! Desde lo alto de la cofa Seselja rompía el silencio por el sistema de alto parlantes de la embarcación, ¿En que posición te marca Javier?
-Mmm viene del este Seselja!

¡Ma Kurac! No puede ser tiene que venir del sur o suroeste hombre!

-Bueno respondió me marca por el este insistió el italiano Pignati.

¡Pizda mater! y maldijo nuevamente en croata, no puede ser, el barco viene de Panamá!

-Bueno eso es lo que me marca el “direction finder” se defendió por tercera vez Gustavo, de pronto un intempestivo rugido hizo asomarse a Seselja con casi medio cuerpo por las ventanas de la cofa, era el helicóptero que paso con vuelo rasante, la tripulación del pequeño Pawn Pawn subió a la cubierta superior a ver de cerca el artefacto, a través de la burbuja de “plexiglass” se observaba claramente al capitán, este vestía camisa caqui y pantalones cortos, lentes polarizados y una gorra de Casamar, sobrevolaron un par de veces al Pawn Pawn y entabló conversación con Seselja por el VHF.
– ¡Puta mare, para el barco! rugió el capitán

– ¡Puta mare Javier! me vas a matar del susto reclamó Seselja, Javier soltó una pequeña carcajada con asomo de superioridad, su barco era una novedad en este lado del Pacifico, era una mole que se fue desplegando en el horizonte, en efecto venía por el sureste parecía un edificio flotante, Gustavo tenía razón el radiogoniómetro había marcado el VHF del helicóptero y no la comunicación del barco, después de intercambiar saludos el chopper se dirigió a su barco, este último a medida que se acercaba iba imponiendo su impresionante silueta sobre el soleado horizonte.

– Ve y arregla tus cosas! me pidió Seselja, gracias le dije y me despedí bajando de inmediato por la jarcia, repartí algunas de mis pertenencias entre los compañeros, agarré lo esencial y salte al speedboat del Entremares Dos que había llegado a recogerme, me desearon buena suerte y pasé de un barco al otro, mientras nos subían con la grúa hidráulica ni imaginaba que pasaría un total de tres meses en alta mar, en ese momento el tiempo no importaba, el entusiasmo de un nuevo comienzo era lo que contaba.

La Quijada

Rumbo sur suroeste, cierra lentes sin parar, vamos directo a pescar fuera de Perú.

El mar de las costas orientales del Pacifico sudamericano a diferencia de Centroamérica es turbio, gris, el ambiente es nublado y frío, mi ropa de trabajo en el Pawn Pawn no contemplaba el frío así que tuve que pedir prestada una chaqueta pues nunca pensé en hacer transbordo en medio de un viaje regular, no estaba preparado para ir a pescar al sur, solo en aguas cercanas a Costa Rica, con este barco nuestro radio de acción era limitado .

Restos de cachalote.

Recién después de unos tres días abrimos los binoculares para empezar la búsqueda, navegábamos proa a la ola y era inevitable sufrir el golpe de la mar, el estruendo de la ola y la rociada de agua salada, mientras todo eso sucedía me iba familiarizando con el quehacer de esta nueva embarcación , su tripulación y sus reglas, una de ellas eran los “speedboats“.

Tras poco menos de un mes y con apenas unas pocas toneladas a bordo encontramos una carcasa de cachalote flotando, blanca y “bellamente” putrefacta, lo bello pues era sinónimo de buenos cardúmenes en el fondo, en poco menos de tres días embarcamos cerca de 600 toneladas, cuando este remanente de lo que fuera un gran animal ya no tenía más que ofrecernos, el capitán con ayuda de otros marinos subió hasta el borde de la cubierta los restos blanquecinos, con una pieza de cable y la fuerza hidráulica de un gancho pudo quebrar la quijada, y es que quería rescatar los valiosos dientes de este animal, ya sea como trofeo o como piezas para coleccionar, luego tomó un hacha y terminó de trozar la quijada no sin antes salpicarse de restos de piel mortecina y podrida, a eso había que sumarle el nauseabundo olor, algo retraído y a distancia segura detrás del winche el piloto observaba, le dirigió unas palabras en inglés al capitán pidiendo que le diera los dientes, este lo miró con fastidio.
– Si, si ya casi te los llevo a tu camarote! Dijo en forma sarcástica y prosiguió con su pestilente labor.

Alguna discusión posterior hubo entre el espigado piloto y el capitán, porque ya al final del día el barco cambió de rumbo hacia el norte, los rumores corrieron y la decisión se pudo conocer posteriormente, el piloto se negaba a volar, porque el capitán no le quiso dar los dientes del cachalote!

Subí al puente y el capitán conversaba con su contramaestre y otros marinos, el mecánico también estaba presente.
-Que se vaya a la mierda! será huevón …!
Mostré cara de extrañeza y el “deck boss” me dice este tarado del piloto dice que no quiere volar si no le dan los dientes del cachalote.
-¿Quee ..? Siii, así asimismo como escuchas!
El capitán llamó a la empresa en España, esta habló con Alex Stemayer el propietario del helicóptero y han decidido cambiarlo , esa situación no se puede permitir que el barco sea manipulado y maniatado en su accionar por el chantaje del piloto, había mucho dinero de por medio para poner en riesgo el viaje.
¿Será cojudo? usando una expresión muy peruana alegó el capitán.
– ¡Yo me ensucié! ¡Yo lo corté y el solo quería que se los llevara, esta loco! Dijo con notoria molestia.
Al cabo de un par de días seguíamos navegando rumbo a Charco Azul al norte de Panamá, algunas alertas se habían prendido en la cabeza de un personaje, de Kelly.

Insania

Kelly, Ramón Cote (Monchi) el mecánico y el piloto de quien no recuerdo su nombre hacían buenas migas y compartían en la cabina de este último cada noche, para tomar una cerveza , para escuchar música o simplemente para compartir un troncho. Fumar “weed” en alta mar no era generalizado pero en los ratos libres todos se hacían de la vista gorda, este grupo era el mismo que viajaba y se reunía en David en Chiriquí cuando tenían descanso, Kelly era uno que rentaba un auto y conducía como loco, el mismo afirmaba que le sacaba el jugo a los autos de alquiler, en uno de esos viajes tuvo oportunidad de conocer a una atractiva gringa quien trabajaba para Philip Morris la tabacalera norteamericana, aparentemente hacía estudios de tabacos en el norte de Panamá, se engancharon desde la primera vez, la libertad de ser un par de desconocidos facilitó que se compenetraran de singular manera, Kelly que en la vida real era parco, a veces comentaba de la gringa, parecía notarse un fuerte apasionamiento o enamoramiento, conversaba sobre las locuras que hacían y dónde iban , la gringa copaba todos sus pensamientos, pero el piloto americano parecía siempre interesado en la chica o deslizaba comentarios sobre la gringa, al piurano no le preocupaba en un principio , el y la gringa se notaban muy enamorados.
A apenas unas horas de llegar a la zona prevista para el intercambio de pilotos Kelly entra a la cabina que compartiamos y me comenta como muy preocupado:

– Mira! me dice, ya hace varios días estoy con una molestia en los ojos, veo puntos,.. si puntitos negros! se me nubla la vista, le he dicho a Javier que me preocupa…mmm
-¿En serio?
– Si le he pedido que cuando hagan el cambio de piloto que me envié para un chequeo al medico.
– Ajá y ¿Que te dijo…?
– Dice que esta bien. Cerró la puerta de la cabina y se perdió por el pasillo.
A partir de ese momento supe que algo no cuadraba, el mecánico Monchi lo confirmó.
-Este verraco me dijo en su tono mas panameño, este verraco esta “enculao” de la fula esa! está preocupado pues el piloto andaba tirándole los perros a la gringa y si el se queda en el barco, si continúa viaje el gringo va a estar suelto , le va a querer levantar la hembra.
-Ahhh!, ahora entiendo y me quedé pensando, Kelly me contaba las cosas buscando apoyo, empatía.
– ¡Tranquilo huevón! todo va a salir bien, te verá el médico y te dará un diagnóstico, le comentaba, creo que ni yo mismo me lo creía, solo estaba tratando de hacerlo sentir bien, lo que vendría después sería un arrebato de locura.

Al día siguiente el barco amaneció al garete frente a Charco Azul, calculo que estaríamos a unas 20 millas de la costa, el movimiento en el puente era notorio y la comunicación radial muy activa, por mi parte me encontraba en la cabina escuchando Supertramp, repentinamente Kelly entra con cara de angustia, el rostro desencajado.
-Yo me voy, de cualquier forma me voy!
-¿Pero que pasa mano?
– Javier me dijo que me iba a mandar al médico, ahora dice que me va a mandar en otro barco con Manuel Sierra en el Kepishe.
– No, no no me siento bien, debo ir al médico yo me siento mal me voy! La tensión y crispación de su rostro era notorio.
-¿Pero porque, que paso, porque cambió de idea? A la fecha aún no se que motivó al capitán echar marcha atrás en su decisión.. no lo se.

En la plataforma sobre el puente se escuchaba el ruido de la máquina del helicóptero y las aspas girando, el mecánico verificaba que todo estuviera en orden, después de recibir el visto bueno del mecánico este ultimo ingresó en la burbuja, el “chopper” se elevó y se dirigió hacía la costa, Kelly entró en pánico, lo vi acarreando un tanque de gasolina hacia uno de los “speedboats”, toda la tripulación se percató de que algo extraño estaba sucediendo, esto obviamente llegó a oídos del capitán y del jefe de máquinas quien decidió apagar el sistema hidráulico, ya no podría hacer uso de estos para arrear la lancha y llegar a la costa, que bien lo hubiera podido hacer , entró nuevamente en la cabina y su rostro estaba desencajado, casi llorando me dijo:
– ¿Porque me hacen esto? yo no quiero quedarme, no me pueden retener! Se notaba un rostro crispado y con una alta carga de estrés.

Al cabo de más o menos una hora se escucha nuevamente el “chopper” acercándose, el mismo Stemayer quien sería el reemplazo lo venia pilotando, se acerca con cuidado, flota por un momento y lentamente se posa, Ramón baja del aparato y con la cabeza agachada sujeta con cadena los flotadores, se apaga el motor. Los marineros restantes que habían subido a curiosear empiezan a descender.
Hasta ese momento si bien el ambiente era algo tenso todo estaba dentro de lo normal, pero lo era solo en apariencia.
Bajé al comedor a tomar un café, había otro Ramón en el barco, este era un pescador gallego quien sufría de una ligera tartamudez, al cabo de un momento entró con cara de asombro y nos dice:
– ¡Queee.. queee se esta armando una discusión en la cubierta del helicóptero!
Salí del comedor y subí de un par de saltos por la escalera al sobre puente y por la escalerilla del helipuerto pude ver a Kelly , al capitán, Alex y Ramón el mecánico, Kelly agitaba los brazos , el capitán lo encaraba y le hablaba constantemente. Ramón se tomaba la cabeza con ambas manos y gesticulaba suplicante. Heyyy! Chucha, deja la vaina Kelly, tu estas loco man! Pero no recibía respuesta.
Lo primero que vi fue a Kelly con una navaja sosteniéndola contra su muñeca:
– Si no me mandas en este helicóptero a tierra me corto las venas! amenazaba a Javier, este trataba de mantener la calma y hablaba sin perder de vista sus movimientos, pensó que alardeaba y que lo quería presionar.
-Deja esa vaina! insistía Javier.
¡Piensa! No cometas una locura! Era evidente que lo miraba con intenciones de acercarse y desarmarlo, sin embargo Kelly lo mantenía a raya haciendo presión con la navaja sobre su muñeca, con voz llorosa insistía.
– Si no me sacas de aquí me corto!, Javier seguía pensando que alardeaba, fue suficiente para mi, el desenlace era inminente, bajé y me fui nuevamente al comedor, confiaba en que las cosas se solucionarían, pero el sentimiento era muy confuso.

No habían pasado ni dos minutos cuando entró el gallego con ojos abiertos y cara de que había visto a un muerto…
¡ Que.. que.. que se ha cortado! Tartamudeó, me cago en Dios! balbuceando y superando su tartamudez, la sangre ha salido como un chorro.. me cago en Dios ! la Hostia!, algunos marinos se acercaron a husmear en las inmediaciones de la plataforma del helicóptero, la conmoción era notoria en el ambiente.
El capitán se había abalanzado sobre Kelly y pudo arrebatarle la cuchilla pero ya era tarde, la sangre salía por borbotones se esparcía en gran parte de la cubierta del helicóptero, Kelly yacía sobre la pista y un tripulante le hacía un torniquete, el mecánico Ramón se acercó y lo increpó.
-Ven acá, ¿tu estas loco man? Que vergaaa! Dijo molesto e impresionado.
Kelly lo miró y sonrió, el sabía que ya había conseguido su pasaje a tierra y su satisfacción era notoria a costa de su integridad física, le cubrieron el antebrazo con un vendaje y ajustaron el torniquete, encima una camiseta para absorber el sangrado, lo subieron al centro de la burbuja, el negro Ulises, un tripulante costarricense fue prácticamente conminado a acompañarlos, además de Stemayer el piloto, rápidamente se elevó y en un minuto ya había desparecido a la vista, el “chopper” por segunda vez esa mañana se dirigía a las costas de Chiriquí,. Un alto costo por escapar, por lograr su objetivo.
Dicen que cuando llegaron al aeropuerto,los esperaba una dotación de la Guardia Nacional, los escoltaron hasta el hospital donde Kelly tuvo que soportar una cirugía de casi 6 horas para reconstruir los tendones lacerados y las venas cortadas, después de eso nunca más lo volví a ver.
Stemayer regresó al barco, el “chopper” fue asegurado con cadenas, y empezamos a navegar rumbo oeste, la pesca debía proseguir pero esta vez ya no regresaríamos al sur.

Champerico

Champerico es una localidad en Guatemala cercana a la frontera con México, después de haber navegado por espacio de una semana nos encontrábamos al oeste de esa posición buscando pesca en el área, el capitán llamó al navegador por el VHF marcó el “transponder” en el radar enfiló la proa hacia el helicóptero y a toda máquina el barco se dirigió raudo a su encuentro estaba a unas 7 millas aproximadamente.
– Gringo! Que se pongan en “stand by” vamos a calar , hace un buen “black spot”, de inmediato se escucha el sonido característico de las bombas hidráulicas, el panguero y su ayudante en sus puestos, toda la tripulación atenta.
-Baja máquina! Hay que amarrar un “triplay” flotando, subí al “speedboat” de inmediato me bajaron con la grúa hidráulica, lleve conmigo un buril e hilo 186 grueso, siguiendo instrucciones desde el helicóptero me acerqué lentamente , apague el motor y levanté un extremo de la madera, perforé un par de hoyos con el buril de hierro y pasé el hilo a través, luego lo amarré a la popa de la embarcación, cada “speedboat” contaba con un radio Yaesu, esa era nuestra línea de comunicación con el barco y el capitán.

– Apaga el motor! Obedecí la orden de inmediato. Me quedé inmóvil, el bote flotaba y en el silencio momentáneo se escucha el golpeteo que hace contra el agua al balancearse, por estribor se ve la inmensidad del Entremares Dos acercándose y el estruendo de la mufla se hace más notorio, pasan a unos 60 metros, puedo observar los rostros de los demás tripulantes atentos a la maniobra, el altavoz destaca por sobre el rugido de la máquina.
– El Gringo dirige al navegador desde la cofa.. 5 a la izquierda, un poco mas, así, así..!Larga! !Largaaa! Se escucha la voz del contramaestre que hace también de mirador, el panguero tira del seguro y suelta el cable de la “mola”el chasquido del metal se escucha claro y la panga se desliza sobre la popa del barco, el sonido metálico y el roce del cable en los anillos cayendo y sumergiéndose tras la estela y turbulencia, toda la cala dura unos 5 minutos, tras una hora y después de subir la red a bordo, empezamos a salabardear unas 150 toneladas de atún y barrilete, por la tarde haríamos otro lance, al día siguiente realizaríamos un par más, en dos días habíamos embarcado casi 600 toneladas.
Por la mañana del tercer día el helicóptero levanta vuelo para chequear el palo, el capitán parece no observar gran cosa, desde el puente se observa unos cuantos verde azules pericos, no hay saltadores, no hay brisa, parece que ya no había mas que sacarle.
– ¡No veo nada gringo! comenta por el VHF el , yo tampoco! responde el jefe de cubierta.
Nos sobrevuelan un par de helicópteros mas, uno del Isabel 2 con Cecilio y otro del King Oscar con Rodrigo Beeche de Costa Rica (pollón), Cecilio a quien le tenían como mote Mosolo, habla por el VHF.
– Joder, Javier, yo de ti le largo, que estas esperando? Habla con ínfulas de autoridad en el tema.
La verdad es que nos faltaban apenas 20 toneladas, Javier comenta que no observa nada, ante la insistencia de Cecilio, decide largar, el resultado: media tonelada de perico. Fin del palo, rumbo a Panamá, gracias Champerico!

Han pasado mas de 40 años desde aquellos acontecimientos, hace unos pocos días me encontré con un viejo amigo Harry Leigh, le decíamos el Mudo por su parquedad, sin embargo él observaba todo, pasamos una buena época en Costa Rica, hoy en día vive en Miami y ocasionalmente como buen norteño, como buen piurano regresa a su terruño a visitar a su familia y una llamada hace que nos reunamos para conversar , comer algo y compartir experiencias.

En una de su visitas me presentó a su sobrino y entre los temas de conversación el muchacho me pregunta si conozco a uno de sus familiares y si conozco a tal y cual, algunos si conocía a otros no y salió Kelly a la luz nuevamente, es mi primo dice con entusiasmo el familiar de Harry.
– ¿Que es de su vida? Preguntó.
– No se, no lo veo desde los 80s, desde cuando trabajamos en el Entremares, evito tocar el tema de la tragedia a bordo, no me correspondía.
– Creo que anduvo de patrón en unas lanchas, lo último que sé es que estaba en Lima, alquiló un auto ( se me vino a la mente los “rent a car” de Panamá) y se fue a una playa del sur, encontraron el auto con las llaves adentro, sus chancletas fuera de este, pero a el nunca más lo volvieron a ver.
-¿Habría sido su decisión al final? Su desdén por la vida, su desapego a lo terrenal, pero siempre el mar estaba presente en los eventos trágicos de su vida, en el reclamo de la muerte, se fue para siempre sin despedirse, solo se fue mirando al mar, adentrándose en el y sin mirar atrás.

La última vez
La última vez.

 

Buen viento amigo en tu travesía.
Playa oscura, silenciosa, mortecina
Nunca nadie lo encontró..

Bonus track: https://youtu.be/J_NGulTmh88

Glosario

  • Black spot: Mancha negra (atún)
  • Chopper: Helicóptero
  • Deck Boss: Contramaestre, jefe de cubierta
  • Direction Finder: Radiogoniómetro es un sistema electrónico capaz de determinar la dirección de procedencia de una señal de radio.
  • Mola: Término croata para referirse al cable que sujeta a la panga.
  • Speedboat: Lancha rápida
  • Stand By: Atento, alerta.
  • Transponder: dispositivo utilizado en telecomunicaciones cuyo nombre viene de la fusión de las palabras inglesas transmitter (transmisor) y responder (contestador/respondedor) Se utiliza para distinguir una aeronave en el radar.
  • Triplay: Madera contrachapada y encolada (Perú).

 

 

 

 

Autor

  • Primer sitio web para CFC Micronesia, MiHost, Costa Rica, primer sitio web Munipaita 2003, desarrollo en CMS Mambo después Joomla, Xoops, Drupal actualmente WordPress. Padre, abuelo, Tico, Peruano, Paiteño, no tengo amigos corruptos ni populistas!

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