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Partir no es morir

Tenía 19 años la primera vez que me aleje de Paita, me iba a embarcar en un atunero, cuando fui a despedirme de mi madre, ella no pudo contener las lágrimas. No hay madre que no haya pasado por eso, ni hijo que no lo viviera.

Fui a despedirme de mi madre está última vez y en su lecho reposaba, calmada, serena. -dale mi cariño a los bebes- musitó, con su voz apenas perceptible, acaricie sus cabellos finos y su piel tersa casi juvenil a pesar de sus 86 años, la bese delicadamente y despacito cerré la puerta.

Han pasado 4 años desde que llegué por última vez a Paita, no se si era cada vez que llegaba o era cuando me iba que la desilusión y frustración era cada vez más grande, más allá del reencuentro con los amigos de siempre, con nuestros seres queridos, con quienes te dieron la vida que es un capítulo aparte y único, han existido encuentros y desencuentros con la visión que teníamos y la nueva visión de lo que anhelamos para con nuestra patria pequeña, para quien nos cobijó con afecto durante nuestra niñez y adolescencia y de quién nos despedimos una vez más, con tristeza, con el dolor de quién deja a alguien querido en un estado de abandono y penuria sin parangón alguno.

¿Por qué nos cuesta entender tanto la precariedad en la que vivimos? Y ojalá fuera solo en lo material que es eso lo que pareciera importar solamente a aquellos que impulsan su visión futurista particular de progreso, una visión donde las avalanchas de obras nos emborrachen de tal manera que no podamos cuestionar nuestra propia y cruda realidad.

Son esas visiones parciales que no integran al ser humano, ni su pensamiento, ni su crecimiento, ni su entorno, ni la calidad de vida que merece. Que orfandad de pensamiento! Por Cristo de los arenales!

Cabizbajo, sombrío, dubitativo me alejo y pienso, ¿Hemos perdido la esperanza? No lo sé, me detengo y vuelvo a cavilar, lo que sé es que el futuro es sombrío, no es que pretenda convertirme en ave de mal agüero, por supuesto que no; pero claramente reza el dicho que por la víspera se saca el día.

¿En qué hemos convertido la política los peruanos? ¿En que monstruos insensibles nos hemos transformado?  Cuando nos exacerbamos y como aquelarres en una noche oscura danzamos alrededor de la hoguera de una mal llamada democracia y aullamos cuál poseídos inmisericordemente ante el destino electoral.

¿Qué pecado estamos pagando? Cuánta sangre derramada para llegar a este estado de las cosas, sin esperanza, sin horizonte, dónde el mediocre enarbola la bandera del “progreso” y el servil aplaude, azuza, despotrica y asiente.

¿Realmente los paiteños en particular y los peruanos en general piensan que la participación en unas justas electorales es democracia?

Si usted cree eso, déjeme decirle que usted está en la época cavernaria de la democracia. Si usted piensa que la suma de votos le da legitimidad, se equivocó, como aquellos complotadores que sumando 105 pensaron que se les había asignado patente de corso para destruir el país.

A la espera de un mesías (el bueno) porque el oprobioso, si y apestado aún está en el congreso a falta de sangre nueva que haga la lectura correcta de nuestros pecados, y que este dispuesto a enlodarse en aras de resurgir del fango, de ascender de los más oscuros y dantescos infiernos para tan solo encaminarnos, para mostrarnos ojalá los linderos de esperanza que tanto necesitamos.

Mientras la línea costera se pierde en la blanquecina niebla, así se desvanece el dolor de alejarse ante una realidad que duele, que no te desangra pero te hiere.

Paita, te han matado en silencio y te siguen matando en nombre del poder efímero.

Paiteños, nunca dejemos de soñar con días mejores, dónde se esgrima con sables de cultura y espadas poéticas y lanzas de prosa las arremetidas del ignorante en el poder, del tirano ascendido a costa del voto ciego e irresponsable, lamentablemente del pobre y manipulado elector.

La política nacional es importante pero si no enfrentamos nuestros propios demonios ciudadanos en nuestra pequeña provincia ¿Cómo podremos encarar, como podremos levantar el mentón y la frente y sentirnos orgullosos de nuestra propia tierra? Creo que Grau como Cristo hubiera corrido con azotes a los mercaderes de la política enquistados en el poder de los votos pero no en la legitimidad de las aspiraciones de los paiteños.

Soñemos que un día se pueda imponer un régimen dónde la verdad sea siempre el anhelo de los paiteños por vivir en plenitud, un lugar donde germine y prospere la cultura, la educación, el buen nombre, y en el centro de todo el ser humano y no la desesperanza inagotable de gobiernos espurios, agoreros y maledicentes como el que vivimos hoy.

El futuro siempre debe ser del hombre de buena voluntad y no del calculador o rastrero, el Paita del futuro debe surgir desde los rescoldos, desde las cenizas para alcanzar el cenit de su desarrollo. Honremos a nuestra pequeña patria avizorando un futuro mejor al cual todos aspiremos por igual.

Desechemos la oferta fácil, el engaño florido, la promesa vacía. Paita merece mucho más que eso, mucho mas y mucho mejor.

Hay partidas temporales, de hasta luego y hasta pronto, también  las hay eternas, por lo pronto en esta no pagaremos el peaje a Caronte.

Partir no es morir.

Diciembre del año 2020, el año de la Pandemia

Autor

  • Primer sitio web para CFC Micronesia, MiHost, Costa Rica, primer sitio web Munipaita 2003, desarrollo en CMS Mambo después Joomla, Xoops, Drupal actualmente WordPress. Padre, abuelo, Tico, Peruano, Paiteño, no tengo amigos corruptos ni populistas!

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